Lo vuelvo a poner,a ver si alguien se entusiasma y lo lee :3
CUANDO TODOS PUEDAN SOÑAR.
(Por Libertarioconsciente )
Hace tiempo, un amigo me recomendó que al cumplir años mirara mis pies y trajera a mi recuerdo todo lo que han caminado, por dónde han pasado, con qué otros pares de pies se han cruzado. Que recordara qué ojos he mirado y qué rostros me han ofrecido una palabra, una sonrisa, una lágrima o incluso un mal rato. Sonreí agradecido y gocé mis recién cumplidos 20 años…
Días después, me encontré con la fotografía de un niño en medio de las manifestaciones estudiantiles. Serio, sostenía un cartel en el que se leían unas palabras que encogieron mi corazón: “Ya no alcanza ni pa’ soñar”. Volví a acordarme entonces, de manera automática, de los pies, los rostros y las miradas. Cerré entonces mis ojos, me pregunté qué podría hacer yo frente a tanto movimiento, mientras se mezclaban la rabia, la alegría y la pena. Me pregunté qué cosas me habían hecho más feliz… más agradecido. Y pensaba qué de eso puedo yo, ahora, retribuir.
Vi imágenes de asados, juntas de estudio (que a veces fueron excusas para ver a los amigos), peleas en las que sólo nos enrostrábamos cosas malas; vi pololeos, rupturas, cervezas y cafés compartidos; vi fotos llenas de amigos. Vi a mis hermanos, que son huella y ejemplo. A mis papás, que me malcrían con besos y vuelven a criarme con un consejo certero. Me alegré con la certeza de sentirme acompañado y querido.
Contemplé también lágrimas, sonrisas y abrazos. Ocasiones en las que he tenido que pedir perdón de rodillas; y otras en que he tenido que tragarme el orgullo y perdonar. Contemplé los consejos dados y recibidos; los gestos de confianza, los enojos -esos que cuesta sanar, pero que pueden desaparecer simplemente con un encuentro-. Contemplé la posibilidad de soñarme un futuro donde no camino solo.
Podría seguir enumerando esa larga lista de cosas. Pero es allí cuando abrí los ojos, y volví a recordar a ese niño solo, que efectivamente no tiene qué soñar ni qué recordar. Que quizás no podría escribir una lista como la mía. Así de sencillo, así de rudo.
Suena paradójico, pero es en la pobreza donde me he encontrado con mi lista de tesoros. Ese niño solo me ha mostrado que es en el encuentro con el otro donde se pueden compartir momentos para reírnos y acordarnos que la vida es mejor vivirla celebrando que echándonos a morir. Él, que no tiene, me ha regalado el poder agradecer y sonreírle a aquello que es mirado en menos. En tiempos donde la carrera y el futuro título opacan todo, me siento libre de disfrutar a concho a mis viejos, a mis amigos…
Creo que la solución a los problemas sociales que hoy nos aquejan comienza por saber encontrarse con las personas que pasan a nuestro lado. Desde el familiar más cercano hasta ese vagabundo que ya no se educó y que camina efectivamente solo. Al recordar qué regalos me han hecho o me harán más feliz, éstos se alejan mucho de un anhelado título universitario o de una casa enorme, digna de barrios de ensueño. Los regalos más grandes tienen que ver más con la experiencia de haber sido perdonado una y mil veces o con el tener la certeza de que cuento con un hombro en donde apoyarme.
Y si bien con mis recién cumplidos 20 años no puedo llevar a cabo reformas sociales, sí puedo llevar encuentro. Puedo evitar que ese niño vuelva a aparecer solo en esa foto.
Hay que regalar sonrisas, abrazos, perdón. A compartir la sencillez alegre de una buena comida. Y, desde ahí, nos inspira a luchar, aunque nos cueste la cruz. Quizás no podremos crear leyes perfectas o un diálogo político fluido. Pero sí podemos -y somos responsables- de nunca dejar a nadie solo. De que cada niño, vagabundo o trabajador pueda sentirse querido, acompañado. Que cada uno se sienta regalado de puras cosas sencillas. Si no podemos sacar una ley de presupuesto, sí podemos sacar una sonrisa. Quizás, ese encuentro en la mesa, cara a cara, gozando la simplicidad de la vida, es el paso previo al ansiado diálogo. Es sentados allí donde se cultiva la esperanza, la paciencia, la capacidad de escucharnos en la diferencia y mirarnos como iguales, regalando el perdón que tanto nos hace falta.
Qué ganas de ir donde ese niño, abrazarlo, subirlo a mis hombros y, por qué no, contar un chiste y seguir marchando, pero sonriendo… y cambiar la inscripción de su cartel, y escribir “Nosotros soñamos juntos… un mejor país”.
-
libertarioconsciente ha reblogueado esto desde luchadorsebastiano
-
luchadorsebastiano ha reblogueado esto desde libertarioconsciente
-
A caminosola le gusta esto
-
libertarioconsciente ha publicado esto
